TISA o el acuerdo secreto

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El Acuerdo de Comercio de Servicios (Trade In Services Agreement , TISA en sus siglas en inglés), se está convirtiendo en un problema para muchas personas en Europa. Negociado en secreto en Ginebra desde hace casi dos años por más de 50 países, incluyendo la Unión Europea, EE.UU., Japón, Canadá, Colombia, Chile, México, Australia y Corea del Sur, se han necesitado meses de trabajo de investigadores a nivel mundial y una espectacular filtración en la web Wikileaks de Julian Assange para saber algo de su contenido.

Los gobiernos involucrados normalmente proclaman las virtudes de los acuerdos comerciales a bombo y platillo, pero esos mismos gobiernos que son responsables de más de dos tercios del comercio mundial de servicios es curioso que hayan mantenido este acuerdo en secreto hasta hace poco; todavía una búsqueda en Google del término TISA da pocos resultados.

Pero las cosas están cambiando, ya que el debate sobre el TTIP y el CETA se está haciendo un hueco en la corriente principal de noticias. Un estudio reciente publicado por Public Services International (PSI) muestra que el TISA evitará que privatizaciones fallidas vuelvan a manos del sector público, restringirá leyes y reglamentos nacionales en áreas tales como la seguridad de los trabajadores y las regulaciones ambientales y de protección al consumidor, y restringirá la autoridad reguladora en áreas tales como la concesión de licencias de establecimientos de salud, centrales eléctricas, instalaciones de eliminación de residuos y la acreditación para universidades y escuelas.

Otro aspecto importante es el peligro de la limitación de derechos para un número cada vez mayor de trabajadores migrantes que entren en los países, así como una menor protección en la seguridad de datos y la forma en la que internet se regula.

Sorprendentemente, en la secuela de la crisis financiera mundial, el TISA busca liberalizar aún más los mercados financieros.

Esto se confirmó en junio, cuando Wikileaks publicó el capítulo de servicios financieros. Un análisis realizado por la profesora Jane Kelsey, de la Facultad de Derecho de la Universidad de Auckland en Nueva Zelanda muestra que, de los gobiernos que apoyen el TISA, “se espera que, para fijar y ampliar sus actuales niveles de desregulación financiera, pierdan el derecho a exigir datos para la Hacienda local, experimenten presiones de cara a la autorización de productos de seguros potencialmente tóxicos y se arriesguen a ser denunciados si adoptan medidas para prevenir o responder a otra crisis ".

El TISA tiene varios objetivos, uno de los cuales es extender algunas de las disposiciones más controvertidas del Acuerdo General sobre el Comercio de Servicios (AGCS) de 1994, el tratado creado por la Organización Mundial del Comercio (OMC) para ampliar el sistema multilateral de comercio para el sector de servicios . Muchas de estas disposiciones sufrieron una fuerte oposición cuando se negoció el AGCS, y algunas de ellas finalmente no fueron incluidas en ese acuerdo debido a la presión pública. Las protestas en Seattle marcaron un punto álgido de descontento público y de enfrentamiento entre los diferentes países. Los defensores del TISA han declarado abiertamente su frustración por el lento proceso de liberalización de los servicios en la Ronda de Doha. Y ven el TISA como la forma de seguir liberalizando los servicios.

Otro objetivo es que la Coalición de Industrias de Servicios de Estados Unidos (CSI, por sus siglas en inglés) conquiste una posición hegemónica en las negociaciones comerciales. Han creado un grupo para promover el TISA (teamtisa.org/) apoyado por un amplio grupo de grandes intereses corporativos como Microsoft, JP Morgan Chase, CHUBB, Deloitte, UPS, Google, Verizon, Walmart, Walt Disney, IBM y más (ver la lista completa aquí:. www teamtisa.org/index.php/about-team-tisa/coalition-members); así que esto es un intento de liberalizar aún más, por parte de las grandes multinacionales de servicios, dejando a China fuera del trato.

El análisis del texto sobre servicios financieros que filtró Wikileaks (wikileaks.org/tisa-financial/) muestra que las siguientes organizaciones también están apoyando el TISA: la Asociación de Mercados Financieros e Industria de Valores de los EE.UU., la Cámara de Comercio de Estados Unidos, la Asociación Estadounidense de Seguros, VISA y Bloomberg Financial Information Services.

La nueva ola de acuerdos comerciales y de inversión se está convirtiendo en algo más que mero comercio. Proporcionan poderes de tipo constitucional que institucionalizan los derechos de los inversores y que prohíben la actuación de los gobiernos en una desconcertante variedad de áreas sólo incidentalmente relacionadas con el comercio en aquellos países que se incorporen al acuerdo. En otros términos, la UE, los EE.UU. y varios de sus aliados más cercanos firmarán un pacto de hierro contra cualquier otro inversor extranjero que haga negocios dentro del bloque. Los procedimientos de resolución de diferencias colocan la tutela de estos acuerdos fuera de los tribunales nacionales. Es preocupante que sean vinculantes para futuros gobiernos, que encontrarán difícil retirarse de estos acuerdos sin tener que pagar una indemnización enorme.

En el caso de los servicios públicos esto es una tragedia, porque hay una tensión inherente entre los servicios públicos y los acuerdos de libre comercio.

En el TISA hay ganadores y perdedores. Hay abundante evidencia de que los ganadores suelen ser los grandes países poderosos que son capaces de hacer valer su poder, las corporaciones multinacionales que están mejor colocadas para explotar el acceso a nuevos mercados y los consumidores ricos que pueden permitirse comprar importaciones extranjeras costosas. Los perdedores suelen ser los trabajadores que se enfrentan a la pérdida de empleos y a la presión a la baja sobre los salarios, los usuarios de los servicios públicos y las pequeñas empresas locales que no pueden competir con las corporaciones multinacionales.

En el contexto de grandes ganadores y perdedores, el secreto que rodea las negociaciones del TISA es un escándalo, y muy sospechoso. Ahora es el momento de que los sindicatos y la sociedad civil en general rechacen la agenda de las grandes corporaciones y presenten una alternativa real a sus trapicheos.

Pablo Sanchez, EPSU, agosto del 2014
5/9/2014 Traducido del inglés por Mariano Nieto Navarro